
Evitar que las grandes distribuidoras te den “patata por liebre” o patata francesa vieja por patata nueva española.
Aquí tienes 4 claves para que te ayudarán a reconocerlas, solo hay que prestar un poco de atención al producto antes de comprarlo.
1.En primer lugar miraremos si tiene restos de tierra, si es así está claro que se trata de patata nueva que no ha sido lavada.
2.Si no existen residuos de tierra observaremos la piel, la patata nueva tiene una piel fina, que se arranca fácilmente con la uña o se raspa con un cuchillo mientras que la patata vieja es más dura y cuesta más pelarla.
3.Una vez que nos la hemos llevado a casa es la hora de la prueba de fuego, o más bien del fuego, porque la diferencia entre una patata nueva y una patata francesa después de haberlas frito es que mientras la patata nueva tiene un aspecto excepcional, doradita, crujiente por fuera y que se deshace por dentro, mientras que la francesa, que se queda oscura y blanda, forma una plasta densa en nuestra boca al comerla que provoca la decepción absoluta del consumidor.
4.La patata nueva tiene mejores propiedades culinarias, gastronómicas y de salud, esto es evidente teniendo en cuenta que es un producto que va directo del campo a tu mesa.
Así que ya no hay lugar a error, cuando vayas a la compra elige cualquier variedad de patatas pero asegúrate de que sea patata nueva española, la nuestra, la que se pela con la uña… por su calidad, por su sabor, por tu salud y por tus agricultores.



